“Las prédicas de Pablo”
El otro día me encontraba en un típicos sucucho nocturno decorado extravagantemente y tapizado por escrituras de la “bohemia e intelectual” gente que lo visita. Fue bastante penoso en un principio no poder leer ninguna frase que me identificara o que siquiera me causara algo especial. Después comprendí que tampoco deseaba sentirme identificado con nada que estuviera escrito ni ahí ni en ninguna otra parte. Ahí encontramos el clímax de mi reflexión y el meollo de una crítica a las personas que lo primero que buscan a la hora de escribir es identificar al lector con analogías, lugares comunes, tocando esa sensibilidad social o de muchas otra formas relacionadas con lo anterior. Me parece algo grotesco y de mal gusto. Es un llamado a comprar el producto, pero a comprarlo intelectualmente. Aunque no haya dinero de por medio, sigue siendo una actitud muy cuestionable. Por otra parte ya se me hace cansador y tedioso el arte que surge como respuesta a una realidad ya sea política económica, social, religiosa o filosófica. ¿Por qué el arte se ha encasillado mayoritaria y limitadamente dentro de estos tópicos? ¿Por qué siempre buscar una analogía? ¿Por qué siempre tratar de identificar algo o a alguien? ¿Por qué seguir comprando y seguir conformándonos con las mismas ideas?
Después de plantear estas interrogantes me viene a la cabeza el nombre de Edward D. Wood Jr. Quien fuera catalogado como el peor director de cine de todos los tiempos por la crítica “especializada”. Este “hombre” (que en paz descanse) definitivamente salió de esos cánones a la hora de enfrentarse al celuloide. Zombies, extraterrestres, vampiros, explosiones injustificadas, efectos especiales tiernamente caseros, discontinuidad absoluta, monstruos marinos, imágenes robadas, actores fracasado. Este director que simplemente se sentía más cómodo trabajando vestido de mujer, es una insolencia llena de pasión y genialidad. En este caso el “arte” de Ed Wood no nace como respuesta a ningún fenómeno anteriormente nombrado, pero quizás podríamos decir que nace como respuesta a una inquietud personal from outer space. Quizás este cine de bajo presupuesto, tiernamente casero y apasionado viene antes que la realidad misma y escapa de esa percepción de arte, pero por si mismo, sin duda, constituye un acto poético del cual no muchos logran hacer reflexión.
Después de plantear estas interrogantes me viene a la cabeza el nombre de Edward D. Wood Jr. Quien fuera catalogado como el peor director de cine de todos los tiempos por la crítica “especializada”. Este “hombre” (que en paz descanse) definitivamente salió de esos cánones a la hora de enfrentarse al celuloide. Zombies, extraterrestres, vampiros, explosiones injustificadas, efectos especiales tiernamente caseros, discontinuidad absoluta, monstruos marinos, imágenes robadas, actores fracasado. Este director que simplemente se sentía más cómodo trabajando vestido de mujer, es una insolencia llena de pasión y genialidad. En este caso el “arte” de Ed Wood no nace como respuesta a ningún fenómeno anteriormente nombrado, pero quizás podríamos decir que nace como respuesta a una inquietud personal from outer space. Quizás este cine de bajo presupuesto, tiernamente casero y apasionado viene antes que la realidad misma y escapa de esa percepción de arte, pero por si mismo, sin duda, constituye un acto poético del cual no muchos logran hacer reflexión.

